• Valeria Sosa

Fundación Música y País: educación musical democrática

Actualizado: jun 24

Con este escrito intereso dar a conocer de manera breve el impacto de las clases de música que ofrezco en ciertas escuelas a través de la Fundación Música y País. La necesidad de expresar estas experiencias nace primordialmente de comentarios que cuestionan cuáles son los tan importantes beneficios de la educación musical para nuestros niños. Sentir la constante necesidad de educar, orientar y justificar el bien de la enseñanza de un arte parece una condición perpetua en nuestra sociedad. Por ello, esta ocasión no escribo sobre los beneficios de la música en el desarrollo individual de los niños. En cambio, decido enfocarme en describir los beneficios de la excepcionalidad de clases como esta en pos del desarrollo de valores colectivos que aportarán al formación de la sociedad que queremos para nuestro país. Escribir desde mi experiencia a través de la Fundación, no solo me llena el alma, sino que, además, sirve como un testimonio sobre el cual muchos maestros de música puertorriqueños pueden verse identificados.


La misión y visión de la Fundación se centran en promover el valor de la música y educación musical como instrumento de transformación y cambio social para Puerto Rico. Además, aboga por la democratización del acceso a la educación musical como un derecho ciudadano, por ello que escuelas tanto públicas como privadas –que no cuenten con una clase de música– gocen del recurso de un maestro en su plantel provisto por la Fundación.


Principios Educativos


Las clases de Iniciación Musical que imparto a través de la Fundación centran su contenido no solo en conceptos musicales introductorios con instrumentos de banda rítmica y percusión menor, sino además en la filosofía educativa Orff Schulwerk. Utilizando la metodología Orff, el acercamiento del estudiantado a la música incluye la exploración de instrumentos musicales, el canto, el baile/movimiento, la percusión corporal, el juego y la improvisación. De esta manera, las clases permiten que las experiencias de aprendizaje sean, por un lado, constantemente variadas y, por el otro, refrescantes a la rutina de enseñanza que los estudiantes cargan. Pero, ¿qué aportaciones “colaterales” permite una clase de música en el ambiente escolar? Además de centrarse en el aprendizaje de conceptos musicales que aportan al crecimiento y desarrollo cognoscitivo del estudiantado, las clases fomentan la práctica de importantes valores sociales que incluyen: respeto, tolerancia, igualdad, compañerismo, solidaridad, autocontrol, justicia, honestidad, paciencia, disciplina, responsabilidad, armonía y compromiso.


Adicionalmente, utilizar la filosofía Orff me permite presentar un espacio en el que el estudiantado pueda experimentar y descubrir cada concepto de forma autónoma, mientras funjo como guía. Esta filosofía ha sido anteriormente formulada por John Dewey, quien propuso que es en la escuela en donde el alumno debe asumir el papel activo. De esa manera, podrá reaccionar siempre con interés, flexibilidad y curiosidad ante nuevas situaciones, así como responder de manera creativa. Para Dewey, el alumno debe ser capaz de aprender a investigar, explorar y, a través de este proceso, aprender de la experiencia. A su vez, estas experiencias compartidas y la práctica participativa promueven una interacción de diálogo y dialéctica que caracteriza nuestra finalidad educativa: una educación democrática.


Correlación simbiótica entre las clases de Iniciación Musical y la filosofía de enseñanza propuesta por Dewey


"El diálogo no agota la experiencia cuando esta se hace común, ni aquel cesa entonces, sino que la comunicación es dialéctica y reconstruye la experiencia, es decir, la inquieta, la motiva a renovarse. Por ello, el maestro debe obrar de tal manera que aumente el significado de la experiencia presente". -John Dewey


Las aportaciones a la educación, y desarrollo de los estudiantes, que la clase de música provee, contrasta, no solo con un ambiente de clases tradicional, sino con un estilo de vida estudiantil que -con mucha probabilidad- no conoce otras formas de aprendizaje. Adicional a esto, he contado con el privilegio de aportar a escuelas en las que los estudiantes provienen de familias desventajadas socioeconómicamente, que viven en comunidades marginadas al flujo cotidiano de la ciudad capital. La suma de su realidad social junto con los escasos recursos y esta forma de educación tradicional en la que los estudiantes escuchan y escriben mayoritariamente, presenta un obstáculo para la educación como vía de transformación social y método de progreso.


Uno de los postulados más relevantes de Dewey sobre la educación fue precisamente el rol que tienen los estudiantes en el aprendizaje. El pedagogo afirmaba que no puede considerarse a los niños como pizarras limpias y pasivas en las que los maestros pueden escribir lecciones. No puede ser de esta manera porque al llegar al aula, el niño ya es socialmente activo. Para describir esta actividad, Dewey señalaba que, al comenzar la escolaridad, el niño lleva consigo cuatro impulsos innatos: (1) El de comunicar, (2) el de construir, (3) el de indagar y (4) el de expresarse. Por otro lado, también hablaba de que los niños llevan con ellos intereses y actividades de su hogar, así como del entorno en el que viven. La tarea del maestro consiste entonces en utilizar estos recursos para orientar las actividades del niño hacia resultados positivos.

En esta corta exposición sobre el impacto de la enseñanza que ofrezco a través de la Fundación, pretendo exponer de manera reflexiva y poco profunda la contribución que hace la educación musical a la formación de personas comprometidas tanto con los valores como con los modelos democráticos de la sociedad. En su escrito Democracia y Educación, Dewey manifiesta que la educación también es una modalidad de acción política, ya que obliga a las personas a reflexionar y a valorar las distintas dimensiones sociales, económicas, políticas, culturales y morales de la sociedad en la que viven. Es por esta razón que la clase de música es tan importante como instrumento de cambio social. Con ella, no solo se practica una educación democrática que sirve como ente transformador de la personalidad e incluso estilo de vida de los estudiantes, sino que se modelan tratos y valores que los estudiantes deben experimentar con mayor frecuencia.


El legado de la obra de Dewey ha permitido dejar abierto un planteamiento para la reflexión crítica de los modelos educativos, sobretodo para quienes quieran comprometerse con los problemas sociales presentes en las instituciones escolares. Aún cuando mi experiencia en este caso sea contada a través de la Fundación Música y País, reconozco que el trabajo de muchos colegas en las escuelas de este país es cónsono con mi quehacer. Nuestra labor, sin embargo, no deja de estar en peligro de extinción. Las artes, el estudio de la música, han probado ser una herramienta de formación y canalización efectiva y conveniente. Sin embargo, los maestros de música seguimos necesitado defender su valor. Hoy por hoy, son muchas las escuelas que aún quedan desprovistas de una clase de música y esta no debe ser nuestra aspiración como país.

Para muchos estudiosos, el problema de la educación hoy día continúa teniendo su raíz en otro postulado de Dewey: la mayoría de las escuelas no tienen como objetivo transformar la sociedad, sino solamente reproducirla. ¿Cuán cierto es este postulado? ¿A qué se debe? ¿Cómo nos aplica? ¿Quién obstaculiza este objetivo de transformación social? Lo sabido es que clases musicales como las que ofrece la Fundación Música y País aportan a un cambio social real, trabajando la integración, expresión, creatividad y, a su vez, derechos como la democracia en pos de un mejor Puerto Rico.




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