• Valeria Sosa

Reflexión sobre la filosofía Orff

Actualizado: jun 15

El enfoque de la educación musical Orff tuvo sus comienzos en el año 1924, con dos progagonistas: Carl Orff y Dorothee Günther. Ambos fundaron en Múnich una escuela que incluyera el movimiento, la danza y el entrenamiento rítmico, siendo las primeras clases impartidas de gimnasia, música y danza.

Una vez creada la escuela, el compositor y educador se concentró en comenzar por enseñar los rítmos y componentes inherentes en la música folklórica de su país como elementos básicos para el estudio de la improvisación y la creación musical. Siendo esta su base, prosiguió a enseñar instrumentos de percusión melódica con los cuales los estudiantes contaran con una referencia armónica para la improvisación, partiendo siempre del contexto cultural, la lengua materna y el conocimiento del estudiante. Adicionalmente, y dado a que la mayoría de sus estudiantes no contaban con un entrenamiento musical previo, su currículo se centró en la educación rítmica a través del uso del cuerpo como instrumento de percusión. De esta manera nace todo un concepto de percusión corporal (palmadas, chasquidos, pisadas y otro sin fin de sonidos corporales) como herramienta fundamental para el desarrollo del pulso y el ritmo, que precede y complementa el estudio de otros instrumentos.

Conscientes de necesitar la industria de la imprenta como herramienta de difusión para su proyecto educativo, y pese a que la aplicación de este método difícilmente podría ser explicada con claridad en libros, Orff y Günther comenzaron a impartir talleres y conferencias (1930) que llamaron la atención de los maestros y ganaron popularidad. Esta atención más adelante les costaría la clausura de la Escuela Günther y la destrucción de sus publicaciones dado a que el uso de poesía judía en sus materiales era impermiscible bajo el regimiento nazi que dominaba la política alemana. Una vez concluida la guerra, Orff fue contactado para impartir sus clases por radio (1948). Escribió cinco volúmenes (1950-1954) de todo su material pedagógico junto a Gunild Keetman y ambos lograron inaugurar el Instituto Orff como parte del Mozarteum, reconocido en la actualidad como un prestigioso instituto internacional.


La aplicación del enfoque Orff acoge el institno de exploración y experimentación humana para volverlos las herramientas/destrezas principales del aprendizaje musical. A base de estos dos enfoques, se comienza estudiando el sonido, el ritmo, la armonía y la forma musical desde una perspectiva muy básica y natural para los niños. El orden en el que se construye este aprendizaje comienza por la observación, la exploración, la imitación, la experimentación y luego la creación. Cada una de estas etapas es trabajada de manera colectiva, entre todos los estudiantes, pero sin privar a cada niño de una exploración individual. En este proceso de aprendizaje, observamos nuevamente cómo el movimiento es una herramientas inherente en la enseñanza de la música, pilar, además, propulsado por Dalcroze en su metodología.


En su artículo, Gunild Keetman, Das Schulwerk, Music and Movement Education, and Critical Pedagogy, Stephanie K. Andrews expone cómo la perspectiva pedagógica del enfoque Orff permite ver la música como algo que puede ser cuestionado, cambiado y transformado constantemente. Esto abre una ventana en la que los educadores y estudiantes de música pueden cuestionar a qué intereses sirve el conocimiento musical que se enseña típicamente en las escuelas y que, como resultado, puede ser exclusivo. Por ello, esta pedagogía fomenta el pensamiento crítico.


Según Andrews, Keetman -en la filosofía Orff- desafió efectivamente las estructuras de autoridad y poder que tradicionalmente han tratado de dictar los tipos de música dignos de estudio y actuación, así como la transmisión de esta educación musical. En su escrito, la propuesta de Andrews reposa en la convicción de que Keetman utiliza las teorías de Schulwerk no simplemente como herramientas "que funcionan" para mera ejecución musical, sino como un medio para cambiar el mundo a través de la mejora de la vida de los estudiantes, brindándoles un espacio para determinar sus propios pensamientos y acciones con respecto a la música y la danza.


Una de las más grandes lecciones que despierta en mi conciencia el método Orff y la visión educativa de Keetman lo es la importancia de la integración sociocultural que rodea a los niños que son impactados en el aula. Trayendo con especificidad estos pensamientos a la realidad actual de Puerto Rico, no deja de ser diferente el panorama de aquel entonces a nuestra realidad actual, en donde la educación tradicional funge como un agente de reproducción social que no vela necesariamente por el desarrollo de herramientas para el pensamiento crítico y la acción transformadora de sus estudiantes. De la misma forma, pecar de estas cualidades en una clase de música es una posibilidad real.


               No obstante, aún hay tiempo de fomentar y desarrollar pilares invaluables que aporten al crecimiento de ciudadanos con el poder crítico, discernimiento y educación que un país necesita para su prosperidad. Atenernos a la historia y al estudio de cada idea, método y filosofía de enseñanza musical es un deber obligatorio si deseamos avanzar como país. Queda comprobado que la educación musical infantil agrupa cualidades de valor humanístico que van más allá del mero estudio o apreciación a la música y su repercusión genera un impacto mayor en quienes serán nuestra futura sociedad.

 

Sobre la particular filosofía Orff y el enfoque de Keetman resumo lo siguiente:

 

  • La impartición de la música folklórica de nuestro país es importante, así como la enseñanza de la música cultural de otras partes del mundo. No exclusivamente clásica europea o purista, como algunos llaman.

  • El espacio para la creación e improvisación estudiantil debe ser prioritario en nuestra enseñanza.

  • Fomentar y practicar los valores del respeto, la equidad y la democracia garantizan una educación para futuros ciudadanos de bien.

  • La ejecución musical debe involucrar y provocar el movimiento corporal.

  • La educación musical no se limita meramente a la ejecución de un instrumento.

  • El mayor valor de la experiencia musical reside en el aula a modo de laboratorio, exploración, creación y expresión.

  • La clase de música no debe tener como fin la presentación final de una ejecución musical, sino la constante experiencia práctica de la música.

  • La educación musical funge como un medio para mejorar la vida de los estudiantes, brindándoles un espacio para determinar sus propios pensamientos y acciones con respecto a la música y la danza.

  • El fin de la educación musical va más allá de la clase y el presente. El fin reside en su aportación humana.

Las investigaciones de Orff, Günder y Keetman alcanzaron a recopilar grandes revelaciones del aprendizaje natural en los niños, para disponerlas al servicio de la enseñanza musical. En este factor recide el pilar de su reconocimiento internacional y su éxito. Es de conocimiento que su enfoque contiene similitudes con otras metodologías musicales. Sin embargo, estas similitudes deben arrojar luz sobre las herramientas que en efecto continúan funcionando en el aprendizaje.








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